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Los diminutivos de algunas palabras no se escriben con igual terminación,
como en los casos de duque y de duquesa, que es duquecito y duquesita,
respectivamente; o de conde y condesa (condecito y condesita). Esto se
debe a que la última sílaba de las palabras duquesa y condesa
se escriben con ese, y entonces la formación de los diminutivos
de esas voces no puede hacerse con ce, según las reglas ortográficas.
Nuestra lengua cuenta con palabras cuya escritura es admitida con o sin
h. Aquí te ponemos algunos ejemplos:
Acera-hacera
Iguana-higuana
Armonía-harmonía
Arpía-harpía.
Se escriben con j:
- Los sufijos -jero, -jera y -jería.
- El pretérito de verbos cuyos infinitivos terminen en -decir,
-ducir, -traer.
- Las palabras terminadas en -aje, excepto ambages.
¿Has utilizado alguna vez la palabra bebestible?
Pues existe, derivada de beber, a imitación de comestible, y significa
que se puede beber. También se usa como sustantivo: "Llegaron
los bebestibles".
En los diptongos formados por una vocal abierta tónica (a, e, o)
y una cerrada átona (i, u) o viceversa, la tilde se coloca siempre
en la vocal abierta. Ejemplos: náusea, miércoles, pasión,
elección.
En los diptongos formados por vocales cerradas, la tilde se coloca sobre
la segunda vocal. Ejemplos: cuídamelo, benjuí, casuística.
Llamamos
acento diacrítico a aquel que usamos para diferenciar la función
gramatical que realiza una palabra.
Aquí
tienes un ejemplo curioso:
- He reñido con un camarero.
- ¿Por qué?, ¿cuándo?, ¿donde?, ¿cómo?
- Porque cuando donde como, sirven mal me desespero.
El acento en la conjunción o: la conjunción
o generalmente no se tilda aunque en épocas anteriores
era costumbre hacerlo (al igual que se acentuaba la proposición
a y la variante e de la conjunción
copulativa). Sin embargo, resulta conveniente hacerlo cuando se trata
con cifras, contextos que ofrezcan la posibilidad de confusión
con el cer: Ejemplo: Estarían unos 40 ó
50 alumnos.
El verbo latino vocare significa "llamar".
De él provienen evocación, invocación,
revocación, vocación,
vocativo y convocatoria.
El prefijo ex es de procedencia griega y significa fuera
de, privación. Se antepone a sustantivos,
adjetivos y verbos.
Cuando se escribe el sinónimo o un antónimo de un vocablo
debe estar en correspondencia con la categoría gramatical de la
palabra indicada. Por ejemplo, un sinónimo de enigmático
será misterioso y no misterio; de conflicto, problema y no problemático;
un antónimo de bendecir será maldecir y no maldito.
Muchos afirman que el sustantivo gansa y el adjetivo
mansa son excepciones de esta regla. No es así.
El sufijo -anza se añade al lexema verbal para
formar sustantivos. Por ejemplo: añor(ar) + anza.
En gansa no hay sufijo, tenemos un lexema gans + un morfema de género
femenino.
En mansa es también válido lo anterior (mans + a), pero
además, esta regla es válida para formar sustantivos, no
adjetivos.
La palabra mestizo procede del
latín misticius, derivado de mixtus y todos ellos de misculare,
mezclar, a cuya familia pertenecen.
Otras palabras muy cercanas a ellas son mestizar y mestizaje.
El verbo latino vocare
significa "llamar". De él provienen evocación,
invocación, revocación,
vocación, vocativo y convocatoria.
El verbo mecer, para mantener el mismo sonido a través
de su conjugación , hace el cambio de c en z
que no constituye irregularidad. Ejemplo mezo
Cuando en una palabra aparecen dos consonantes juntas, generalmente la
primera pertenece a la sílaba anterior y la segunda a la siguiente.
Por ejemplo: pal-mar, ac-ción.
Los grupos consonánticos formados por una consonante seguida de
r o l no pueden separarse y siempre
inician sílaba. Por ejemplo: com-probación.
Sin embargo, se acepta la división de a-tlas, at-las: a-tle-ta,
at-le-ta.
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